La actualidad del Termalismo en España

Los balnearios españoles han cruzado una frontera imaginaria en las últimas tres décadas. Una línea divisoria franqueada que ha servido para dejar atrás los viejos conceptos del termalismo clásico para abrazar una nueva concepción de la balneoterapia, más moderna, más dispuesta a atender las necesidades de los usuarios del siglo XXI e ir aún más allá siguiendo los pasos de los tratamientos terapéuticos más modernos.

Un nuevo termalismo que ahora se ofrece como servicios turísticos diferenciados y hasta exclusivos y que lleva las aplicaciones de las terapias hidrotermales a niveles nunca vistos en clave de experiencias personalizadas y únicas. Desde WWW.TERMALISTAS.COM queremos darte algunas pinceladas sobre este sector en desarrollo, que se está convirtiendo en referente en calidad e innovación del turismo nacional.

Si echamos un vistazo a las estadísticas del sector, vemos que hablan por sí solas. En 2014 había en todo el territorio español algo más de 900 instalaciones hidrotermales, de las que 111 se correspondían a centros termales en balnearios. Aún más, si en 2000 los usuarios de los balnearios sumaron 40.000 en todas las instalaciones abiertas en aquella fecha, en 2014, el número de personas que se acercaron a disfrutar de las aguas y de los servicios de estos establecimientos superaron los cinco millones. Un número que al día de hoy no para de crecer.

Y si miramos con más detalles las estadísticas, vemos un sesgo claro. La media de edad de esos mismos usuarios en 2000 era de 60 años, en 2014 fue de menos de 40 años. El termalismo en España se ha rejuvenecido también con los cambios operados en el sector. El sector, se puede decir con rotundidad, goza de muy buena salud. Pero ¿por qué? ¿cuáles son los motivos últimos de esos cambios tan espectaculares?

Termalismo clásico

Hasta la década de 1980, el termalismo había cambiado poco con respecto a la oferta decimonónica. Las estaciones termales seguían atadas a los mismos manantiales que descubrieron los romanos, los mismos que disfrutó lo granado de la sociedad de la Restauración, que asoció la hidroterapia, los baños de mar o los remojos en las caldas, con un modelo de cuidado de la salud que la ciencia médica también defendía en aquel tiempo.

Muchos de los manantiales españoles con propiedades terapéuticas se encontraban en zonas naturales a las que la burguesía urbana también quería volver de alguna manera para escapar de unas ciudades que habían crecido mucho y se habían empezado a deshumanizar. El termalismo español fue en ese sentido una válvula de escape para un sector de la sociedad que seguía atado sentimentalmente al ruralismo.

Por otro lado, los balnearios tradicionales se convirtieron en casi el único medio para mantener la salud en una época en la que no existía un sistema sanitario universal y mínimamente eficaz. Y así fue como llegó el termalismo español a las puertas de los tiempos de la democracia.

Tiempo de cambios

El gran cambio operado en el sector fue múltiple. El primero y tal vez el más fundamental fue deslocalizar los tratamientos. Llevarlos a las ciudades, incluso a poblaciones de segundo nivel. Aprovechando las franquicias y la modularidad de unas instalaciones en las que se ofrecieron tratamientos en saunas, duchas o termas y aplicaciones basadas en las propiedades de las aguas de mar, los barros o las algas y las más tradicionales de los masajes especializados.

Los balnearios con más éxito han conseguido mejorar sus opciones al insertar sus servicios en las ofertas online de escapadas de fin de semana o en la del turismo recreativo para familias con niños. Superando las imposiciones de las temporadas turísticas o aportando valor añadido en la línea de ofrecer actividades en la naturaleza en lo que se corresponde con una estrategia de especialización flexible y proactiva.

Otro de los cambios que ha dado vida al sector ha sido el de orientar la explotación de los negocios al ocio, abrirlos a la cultura, a las actividades recreativas, a las excelencias gastronómicas y a la mejora de los alojamientos.

En la actualidad, un establecimiento termal bien asentado no puede renunciar a ofrecer su espacio como centro de convenciones o como lugar para celebraciones sociales, como tampoco se puede permitir dejar de ser un referente en la dinamización de actividades al aire libre, deportivas o paradeportivas, y ignorar la proyección que puede dar convertirse en centros desde los que descubrir el patrimonio de la mano del cuidado de la salud.

A estas alturas del desarrollo del termalismo de nuevo cuño, sólo queda madurar los productos y los servicios de éxito contrastado, para llevar las fórmulas de la industria termal made in Spain al exterior, como ya lo han hecho las grandes cadenas hoteleras de este país con los servicios de alojamiento.

El Balneario de Lanjarón, aguas que mecen la tranquilidad

El Balneario de Lanjarón es un oasis de salud que abre sus puertas en las serranías granadinas y a los pies de Sierra Nevada. Una falla natural ha obrado el milagro de alumbrar unos manantiales que apreciaron íberos, árabes y reyes europeos.

Hoy, el Balneario de Lanjarón es una estación termal de referencia en la que se puede descubrir, disfrutar y sentir técnicas terapéuticas basadas en el agua originales y con propiedades sedantes. El Balneario de Lanjarón es, por muchas razones, un hogar de agua para la tranquilidad más natural.

El balneario se acomoda a los pies de Sierra Nevada en la pequeña localidad de su nombre, a 46 kilómetros de Granada y a las puertas de la Alpujarra. Un lugar en el que el tiempo andaluz parece ir a otras horas. En Lanjarón el relax es plato único.

Y además las guías le ponen fecha. Se dice que hacia 1770 ya se habían reconocido las cualidades de sus aguas para fines curativos. Pero cuesta muy poco imaginar que antes de ese ayer las aguas de Lanjarón debieron ser apreciadas. Sólo hay que fijarse en el nombre del lugar para llegar más lejos, mucho más lejos.

Y es que Lanjarón viene de Lanchón, una voz ibérica tomada prestada por los árabes granadinos que acabó por convertirse en el nombre que hoy conocemos. Un lanchón es una charca singular de agua. Si los íberos conocieron esos manantiales de la sierra granadina, qué poco cuesta imaginar que los aprovecharon.

Aquellos manantiales íberos y árabes son los mismos que ofrecen sus aguas en el Balneario de Lanjarón moderno. El secreto de los alumbramientos de sus aguas es una falla, la Falla de Lanjarón, un corte que desubica dos fragmentos del terreno que ha permitido que las aguas broten en nacientes, en seis manantiales, cada uno con sus características terapéuticas particulares.

El Manantial de la Capuchina tiene agua bicarbonatada, clorurada, cálcica y sódica y es de mineralización acusada. Se aconseja con fines depurativos. El Manantial Salud I tiene aguas con gran poder digestivo y su mineralización es débil. El Salud II tiene las mismas cualidades que el Salud I sólo que la presencia de minerales es más fuerte. Por más señas, clorurada, sódica, carbogaseosa, bicarbonatada y cálcica. El Manantial Capilla dicen que estimula el apetito y sus aguas son igualmente digestivas. El de San Vicente es conocido por sus cualidades diuréticas.

Los baños en el Balneario de Lanjarón se toman con las aguas ferruginosas del Manantial de El Salado que tiene unas peculiares características sedantes. Aguas que relajan al contacto con la piel y con la inmersión del cuerpo. Algo que es obvio, la piel es el órgano humano de mayor dimensión y resulta extraordinariamente permeable bajo determinadas condiciones minerales.

Íberos y árabes conocieron las aguas, pero algunas celebridades las hicieron suyas cuando el Balneario de Lanjarón se dotó de infraestructuras y comodidades modernas a principios del siglo XX. Las aguas de Lanjarón fueron apreciadas por Virginia Woolf o Bertrand Russell o por Lorca y Falla, insignes andaluces, aunque no faltaron visitas esporádicas de reyes y reinas de la época que aprovecharon el hoy histórico Edificio de Manantiales y su salón de fiestas. Edificios que fueron modernizados en 2007 y al que se le dotó de un hotel de cuatro estrellas inaugurado en 2011.

La vieja estación termal de Lanjarón ya sólo existe en los libros de su historia, las aguas de los manantiales siguen siendo las mismas, pero los tratamientos y servicios están ahora en otro nivel.

Así, el centro termal cuenta con una piscina dinámica denominada Flotarium que es la estrella del circuito de aguas Al Lanchar puesto en marcha en 2010. La zona de tratamientos específicos es la del llamado Jardín Secreto, donde los usuarios disfrutan de acciones terapéuticas como las duchas de cascada y otras poco comunes en los balnearios españoles como los masajes de caña.

La lista de programas es elocuente: `Salud y Relajación´, `Cuida tu espalda´, `Programa Prenatal´, `Fuera Estrés´, `Juega con el Agua´, `Salud y Belleza´… Así y hasta una veintena, aparte los programas personalizados para el tratamiento de patologías concretas.

El Balneario de Lanjarón cuenta con médico propio con especialidad en hidrología, un certificado ISO 14001 desde finales de 2009 y otro de calidad `Q´ que premia la calidad turística de las instalaciones, en su momento, la primera que se concedió en Andalucía a un balneario.

Por todas estas razones y por todas las que sumen tus deseos, Lanjarón es un hogar de agua para la tranquilidad.