¿Qué comer en ayunas?

Beber un zumo de naranja, agua con limón, una cucharada de polen o una cucharada de aceite son los alimentos que solemos asociar para tomar o ingerir en ayunas, dependiendo del fin que se persiga o de las circunstancias individuales. ¿Qué conviene tomar en ayunas? ¿Es algún alimento mejor que otro?

Qué tomar en ayunas y por qué

Por la mañana, tras permanecer unas 10 horas (o más) sin ingerir ningún alimento desde la cena anterior, se suceden diversos cambios metabólicos para asegurar la supervivencia. Uno de los más destacados y evidentes es la hipoglucemia, por lo que el organismo está dispuesto a absorber con más avidez aquello que se le ofrezca. Hay alimentos que pueden ser más convenientes que otros, según el fin que se persiga o las circunstancias vitales individuales. Estos son algunos ejemplos:

  • Una cucharada de aceite de oliva virgen extra (o pan natural con aceite de oliva). Se reconoce como uno de los métodos o remedios caseros más populares usados para estimular el peristaltismo intestinal en caso de tendencia al estreñimiento. No cabe negar su capacidad lubricante de la mucosa digestiva, así como su capacidad para «despertar» el proceso de digestión al activar la función de hígado y vesícula. Además de obtener este beneficio, está demostrado que el consumo regular de aceite de oliva, el ingrediente principal de la Dieta Mediterránea, ejerce un mecanismo de protección indirecta frente al sistema antioxidante endógeno. Esto se traduce en un efecto cardiosaludable, tal como lo sugiere un reciente ensayo dirigido por investigadores españoles. Según el «estudio Guadix», las propiedades cardioprotectoras del aceite de oliva incluyen un mejor patrón lipídico postprandial. En esta investigación se midieron los efectos de un desayuno de tipo mediterráneo (pan con tomate y aceite de oliva, zumo de fruta y leche desnatada) sobre los parámetros lipídicos y postprandiales en preadolescentes con sobrepeso y obesidad, en comparación con un desayuno occidental, rico en ácidos grasos saturados (leche con cacao, pan con mantequilla). Este nivel de protección también se entiende por la capacidad antiinflamatoria o moduladora de los marcadores inflamatorios del aceite de oliva virgen. Si se atiende a esta propiedad, quienes tienen molestias musculares o articulares, como un ejemplo más de un proceso inflamatorio, pueden experimentar mejoría si toman aceite de oliva en ayunas, o desayunan con este «oro líquido». Estos y otros efectos beneficiosos quedaron recogidos en la conferencia internacional sobre el efecto saludable del aceite de oliva virgen.
  • Cucharada de aceite de oliva virgen con zumo de limón. En caso de desequilibrio del hígado y en particular de la vesícula biliar puede estar más indicada esta combinación. Se puede estar «intoxicado» por distintas causas, aunque la más común es la mezcla de una mala alimentación y una insuficiente capacidad depuratoria del organismo (en gran medida, por sobrecarga de hígado y vesícula). Esto se refleja en la salud física y mental: cansancio matutino pese a dormir horas, dolor de cabeza, malas digestiones, boca pastosa o seca, alteraciones del ciclo del sueño (hipersomnia o insomnio), además de molestias o dolores musculo-esqueléticos. La combinación de ambos alimentos (aceite de oliva virgen extra y zumo de limón) en principio no tiene contraindicaciones, salvo en caso de estómago delicado. Esto no es un consejo general, es informativo, por lo que cada persona ha de valorar su tolerancia individual.
  • Vaso de zumo de naranja. Hay quien necesita este estímulo para evitar el estreñimiento. Sin embargo, a otras personas, tomar este en apariencia sano aperitivo les provoca malestar como náuseas, gases y pesadez abdominal, dolor en el costado derecho y dolor de cabeza matutino. Hasta puede agravarse con una molesta acción purgante. Si es este el caso, es probable que se tenga debilidad digestiva, en concreto de hígado (hígado perezoso) y vesícula biliar (coledisquinesias o vesícula perezosa). Las molestias se acentúan tras tomar el zumo de naranja en caso de cálculos en la vesícula biliar e, incluso, pueden propiciar un cólico. Esto se debe a la capacidad colagoga o estimulante del vaciado de la vesícula biliar de este cítrico, no tan acentuado en otras frutas de la misma familia (conviene comprobar la tolerancia). Es por ello que en determinadas circunstancias tomar zumo de naranja en ayunas puede estar contraindicado.
  • Una cucharada de polen en ayunas. El polen es un compendio de micronutrientes: aminoácidos, azúcares, minerales y oligoelementos, vitaminas y carotenoides, enzimas y sustancias antioxidantes (flavonoides, terpenos). Está sobre todo indicado en casos de debilidad, fatiga, anemia y falta de apetito. Sus componentes son fácilmente asimilables, dado que están predigeridos, si bien su absorción aún será mayor y más rápida si se toma en ayunas.
  • Qué no combinar en el desayuno. El café con leche o el té con leche son dos clásicos de los desayunos. El primero, más. Esta combinación a la que tan acostumbrada están tantas personas no siempre es la mejor por su contenido en lo que se denomina «sustancias antinutritivas», es decir, compuestos de los alimentos que en la concentración en la que se encuentran alteran la absorción o el aprovechamiento de ciertos nutrientes. Es el caso del contenido en taninos del café y los tés (negro, verde), compuestos que afectan a la correcta absorción del hierro. Es por ello que estos alimentos (café, té negro, té verde, tan habituales en los desayunos) no son los más indicados en caso de debilidad, cansancio, fatiga o anemia.

 

En ciertas ocasiones, algunas combinaciones entre alimentos y medicamentos puede aumentar, ralentizar o anular el efecto terapéutico de algunos medicamentos. Es el efecto “interacción fármaco-nutriente”. Un ejemplo puede ser el zumo de piña que afecta negativamente al efecto de los anticoagulantes orales usados en caso de trombosis o embolia. En cambio, el zumo de naranja es recomendable por ayudar a la absorción del hierro de complementos o medicamentos usados para tratar la anemia ferropénica y porque, además, es my rico en vitamina C.

Los alimentos no recomendables a la hora de la cena

La cena, como bien sabemos, tiene que ser la comida más ligera del día. A la hora de elegir lo que vamos a comer, hay que tener en cuenta esto, ya que una cena demasiado abundante puede ocasionarnos problemas digestivos. Aunque no exista ningún alimento «prohibido» es cierto que algunos de ellos son recomendables no tomar a la hora de la cena. De la misma forma, cenar sólo una pieza de fruta o yogur tampoco es plenamente aconsejable. En este post vamos a ver qué alimentos no convienen tomar a la hora de la cena.

Cena: alimentos que no convienen

Algunas precauciones resultan bastante obvias y es habitual ponerlas en práctica por experiencia y sentido común. Hay platos, como los cocidos, ciertos guisos o frituras que, por su propia naturaleza, resultan tan contundentes, grasientos e indigestos que no se aconsejan para cenar. No es que esté ?prohibido? su consumo, sino que no es conveniente para la salud.

Sin embargo, no se tiene tanto conocimiento sobre otros alimentos con un perfil más saludable, pero cuya presencia en la cena no es la más aconsejable, al menos para ciertas personas.

  • Cenar bocadillo siempre. Dos teorías podrían explicar por qué no es conveniente acostumbrarse a comer bocadillos con regularidad:
    1. Hay individuos con unas condiciones metabólicas limitadas para asimilar de forma óptima los hidratos de carbono (puede darse la circunstancia de tener «resistencia a la insulina» y desconocerlo). En estos casos, si se come el bocadillo para cenar u otros alimentos equivalentes en aporte de hidrocarbonado (pasta, arroz, pizza, patatas, croquetas u otras masas…), el exceso de este nutriente se acumula en forma de triglicéridos en el tejido adiposo. Consecuencias: aumenta el peso o, cuando menos, no se baja de peso (aunque se siga una dieta controlada en calorías), aumenta el porcentaje de grasa corporal, etc.
    2. En otros casos, el problema no es tanto metabólico como energético y se «esconde» en el relleno de los bocadillos: salchichas o perritos calientes, embutidos, tortillas contundentes como la de patata, de chorizo o de chistorra, panceta, lomo rebozado, carne frita, etc. Tan solo el «relleno» suma las calorías que debería proporcionar toda la cena; que se estiman en el 25% del total de las calorías del día.
  • Ensaladas con lechuga. La lechuga, por su alto contenido en fibra insoluble (más abundante en lo blanco del tronco), puede ocasionar gases e hinchazón abdominal tras su consumo. También se detectan casos de histaminosis alimentaria no alérgica a la lechuga, un tipo de intolerancia que puede explicar, entre otras, las molestias digestivas y de hinchazón que sienten algunas personas tras comerla. No obstante, en caso de intolerancia, el malestar se manifestaría en cualquier ocasión en que se coma lechuga, y no solo resultaría molesta tras la cena. En caso de notar el vientre hinchado después de comer esta hortaliza, se puede probar a prescindir de ella en las ensaladas en las cenas y comprobar si hay diferencia.

Cómo cenar de manera frugal, pero no insuficiente

Cabe destacar que también se pueden comer alimentos de forma abundante por la noche sin que sean un problema para la digestión. Una buena ensalada variada, macedonias de frutas o quesos desnatados son alimentos ligeros, que aunque se coman de manera frugal no serán un problema para que nuestro organismo los digiera por la noche. Aunque estos alimentos no deberían ser convertirse en el único alimento de todas las cenas ya que para algunas personas cenar ligero no es saludable.

El problema de una cena demasiado escasa es que al poco de haber terminado, o en mitad de la noche, puede despertarse el apetito y sentir la necesidad de abrir el frigorífico o la despensa y comer «cualquier cosa» para calmar el hambre y «los ruidos del estómago» que despiertan o impiden dormir. Este desorden alimentario provoca justo lo contrario a lo que se pretende al cenar poco: altera el ritmo digestivo, interfiere con el proceso del sueño y se ingieren más calorías que si se hubiera previsto una cena en condiciones.

Para evitar este tipo de situaciones indeseables, el plan es prepararse cenas ligeras pero suficientes en cantidad y con una buena combinación nutricional como para favorecer la digestión y conducir a un sueño profundo y reparador.

  • Las ensaladas mixtas que, además de vegetales, incluyen algún cereal como fuente de carbohidratos y algo de proteína (pollo, pescado desmenuzado, tofu, seitan, queso fresco…) pueden ser una buena alternativa: ensalada de pasta fresca y langostinos, con tofu ahumado, de arroz y pescado, etc.
  • Si apetece algo más templado, está la posibilidad de preparar ensaladas templadas o platos de verduras más completos como el de menestra con puré de patata , revuelta con huevo y jamón o como acompañamiento de un pescado o de un cereal.

Y aunque no nos demos cuenta, los expertos aseguran que los malos hábitos de una cena demasiado ligeras pueden ocasionar hipoglucemia, con fuertes dolores de cabeza por la mañana o falta de energía durante el día. Aunque no sea la comida más importante del día, la cena es una comida a la que no podemos restarle importancia.

¿Es realmente necesario beber dos litros de agua al día?

 

 

¿Cuántas veces habremos ido al médico y nos ha dicho «tienes que beber dos litros de agua al día»? Y todo el mundo lo recomienda, ya sea nuestro médico de familia o cualquier dietista. El organismo necesita un aporte de líquidos constante aunque, realmente, no tiene por que ser siempre agua. Existen una gran cantidad de alimentos que prácticamente se componen de 80% de agua y que aportan una gran cantidad de ese agua que necesitamos a diario. En este post te explicamos a importancia de beber esos dos litros, aunque muchos alimentos también contienen el agua que necesitamos a diario.

Beber dos litros al día

Es necesario hidratarse, pero no hace falta que sea solo con agua. Este es el mensaje que lanza Spero Tsindos, autor de un artículo sobre la ingesta de líquidos publicado en fechas recientes en una revista australiana. El estudio señala que beber dos litros de agua al día es una mala interpretación de lo que sería una correcta hidratación, pues no se contempla el líquido presente en otras bebidas o alimentos. En este caso, suplementar el consumo diario de líquidos con ocho vasos de agua sería innecesario, pues dicha cantidad solo serviría para diluir más la orina.

El experto australiano, de La Trobe University (Melbourne), propone beber cuando se tenga sed y no solo agua, sino cualquier bebida, incluyendo bebidas con cafeína y bebidas con baja graduación alcohólica, como la cerveza.

Algo parecido argumenta la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (AESAN), que estima que el consumo total de líquidos diarios debería estar alrededor de los tres litros. De esta cantidad, un poco menos de la mitad debería provenir de los alimentos ingeridos, en especial de frutas y verduras. La otra mitad debería ser suplementada con agua u otras bebidas. Esto supondría algo menos de ocho vasos de líquidos diarios. Si se calcula que en el desayuno se toma una taza de café o café con leche, a media mañana un zumo de frutas, en cada comida dos vasos de agua y a la tarde otra taza de café, té o infusión, ya se alcanzan los dos litros diarios.

Hidratación sin evidencia científica

No hay evidencias que demuestren que tomar dos litros de agua diarios sea beneficioso para la salud ni tampoco lo contrario

Entonces, ¿de dónde proviene la recomendación de beber dos litros de agua diarios? ¿Tiene una base científica o forma parte de las campañas publicitarias de empresas comercializadoras?

Los expertos empezaron a investigar la efectividad de tomar dos litros de agua al día hace más de diez años y, hasta la fecha, aún no se han encontrado evidencias que demuestren que dicha cantidad sea beneficiosa para la salud.

Uno de estos estudios es el que realizó Heinz Valtin, de la Universidad de Medicina de Darmouth, EE.UU., en 2002. Para la investigación, Valtin revisó la bibliografía sobre el tema y consultó con dietistas especializados en la sed y el consumo de agua. Valtin concluye que no hay pruebas que demuestren que beber dos litros sea beneficioso para la salud. Además, añade que el cuerpo humano es capaz de regular mediante la micción y la sed el equilibrio hídrico del organismo. También advierte de que un consumo excesivo de líquidos en algunos casos puede llegar a ser perjudicial.

Por su parte, en el 2008, dos investigadores de la Universidad estadounidense de Pensilvania, analizaron antiguos trabajos para determinar si, como anuncian algunas campañas publicitarias, beber dos litros diarios ayudaba a depurar toxinas corporales, si era beneficioso para el correcto funcionamiento de los órganos y si permitía adelgazar. La conclusión fue, otra vez, que faltan evidencias que sustenten estas hipótesis. No obstante, los autores aclararon que tampoco hay evidencias que demuestren lo contrario.

Beber agua: ni poca ni demasiada

Beber agua forma parte de un determinado estilo de vida que las campañas publicitarias se encargan de alentar con la excusa de la eliminación de toxinas y la pérdida de peso. El consumo de agua tiene algunas claras recomendaciones, pero también tiene sus contraindicaciones en algunos problemas de salud, como la insuficiencia cardíaca. En esta enfermedad, si no se moderan los líquidos que se ingieren, el corazón tiene dificultades para manejarlos y aparece dificultad para respirar (por la acumulación de líquidos en los pulmones) y hinchazón de las piernas. Por este motivo, hay que ser precavidos antes de forzar a las personas mayores a que beban una abundante cantidad de líquidos.

Por otra parte, tomar abundantes líquidos se ha mostrado beneficioso para prevenir infecciones urinarias y cálculos. Es de sentido común tener en cuenta que la cantidad de líquidos que hay que beber tiene que ver con las pérdidas. De esta manera, si se suda en exceso o hay pérdidas excesivas (como en el caso de una gastroenteritis) el aporte debe ser mayor.

Pero realmente, no sólo es importante la cantidad de agua que bebemos a diario. Como bien sabemos, el agua tiene componentes importantes para la salud ya que algunas son más bajas en sodio y otras contienen más bicarbonato. Según un reciente estudio, las aguas que contienen bicarbonato son buenas ya que reduce la absorción de los triglicéridos y del colesterol. Por otra parte, las aguas minerales de mineralización débil son buenas para niños pequeños pero no se ha demostrado ningún cambio importante en la salud de las personas mayores que tomen este tipo de aguas minerales.

¿Cómo cubrir las proteínas que necesita nuestro organismo?

Siempre se ha dicho que las legumbres como las lentejas, garbanzos o alubias son fuente de proteínas aunque de menor calidad que las de origen animal. Pero si sabemos como combinarlas con distintos alimentos vegetales se puede llegar a cubrir las necesidades proteicas que el organismo necesita. Una de las combinaciones por excelencia son las legumbres con algún cereal como arroz, pasta o pan. Uno de los platos más populares es el plato de lentejas con arroz que contiene las proteínas de igual calidad que las de la carne, pescado, huevos o los lácteos.

Combinaciones de proteínas y aminoácidos

Consumir una ración de carne en cada comida, algo tan habitual y cotidiano en nuestro entorno, es una rareza en la mayor parte del mundo. Por ello, casi todas las culturas gastronómicas gozan de combinaciones dietéticas vegetales que permiten cubrir los requerimientos proteicos del organismo aun cuando los recursos de origen animal son escasos. Los frijoles con arroz del continente americano, los platos especiados de «dal bhat» (lentejas con arroz) del Nepal y de la India, o los garbanzos con cuscús magrebíes son algunos ejemplos de esas sabias mezclas que permiten conseguir un plato completo desde el punto de vista nutricional.

Para entender cómo funcionan estas combinaciones es importante conocer mejor cómo trabaja la química de nuestro cuerpo. Las proteínas son grandes moléculas complejas que se encuentran en las células de todos los seres vivos y que realizan funciones esenciales, como formar estructuras o regular los procesos metabólicos, entre otras. Las proteínas de nuestro cuerpo están hechas a base de combinaciones de unos componentes llamados aminoácidos, de los cuales existen 20 tipos diferentes. De estos 20, nueve se denominan «esenciales», ya que nuestro organismo no es capaz de fabricarlos y necesita aportarlos a través de los alimentos.

Algunas fuentes alimentarias, como la carne, el pescado, los huevos o los lácteos aportan proteínas que contienen, en cantidades suficientes para el organismo, los nueve aminoácidos esenciales. Sin embargo, otros alimentos, como las legumbres, contienen pequeñas e insuficientes cantidades de los aminoácidos metionina y cisteína. El arroz, en cambio, sí aporta estos dos aminoácidos, pero le falta lalisina y la isoleucina. Resulta lógico que, al tomar estos dos alimentos, se combinen sus déficits y sus aportes y consigan ser, en suma, una fuente de proteínas completas.

¿Cómo combinar los alimentos vegetales?

La complementación de alimentos vegetales para obtener los aminoácidos esenciales en cantidades suficientes podría resultar, a primera vista, complicada de conseguir. ¿Cómo ingerir, en cada comida y cada día, legumbres con cereales, frutos secos o semillas sin ser un experto en nutrición y gastronomía? La realidad es que no es necesario tomar estos alimentos en la misma comida: el cuerpo mantiene una reserva de aminoácidos provenientes de todos los alimentos y de los desechos de las células, de modo que cuando consumimos una proteína incompleta, sus aminoácidos se unen a aquellos que ya están en reserva.

De esta manera, las combinaciones habituales de alimentos vegetales que se realizan a lo largo del día permiten complementar sus deficiencias en ciertos aminoácidos. Ya en 1994, en un trabajo publicado en la revista científica American Journal of Clinical Nutritionse establecía como mito la necesidad de combinar dichos alimentos en una misma comida. Según los investigadores que realizaron el estudio, el equilibrio a lo largo del día es suficiente.

El prestigioso Institute of Medicine, organismo de referencia en el establecimiento de las necesidades nutricionales humanas, afirma que las personas vegetarianas que siguen una dieta variada (con cereales, legumbres, frutos secos, semillas, etc.) y cubren sus requerimientos energéticos (algo habitual en nuestro entorno de abundancia alimentaria) tienen garantizada la ingesta proteica, por lo que las recomendaciones dietéticas no difieren de las de los omnívoros.

Desde el punto de vista cuantitativo, por lo tanto, no comer carne, ni pescado (ni huevos ni lácteos, incluso) no supone ningún problema a la hora de aportar las proteínas suficientes para que el organismo realice sus funciones. Pero, ¿y en cuanto a la calidad? ¿Deben las personas vegetarianas diseñar sus comidas para que aporten nutrientes complementarios? Como se ha explicado en el párrafo anterior, es suficiente con consumir a lo largo del día diferentes alimentos de origen vegetal (por ejemplo, pan en el desayuno, garbanzos salteados con espinacas y piñones en la comida y sopa de arroz con verduras en la cena).

 

Por lo tanto, el truco está en saber combinar distintos alimentos vegetales con las legumbres que pueden llegar a complementar los déficits y conseguir una completa fuente de proteínas al igual que lo hacen las carnes, huevos, lácteos, etc. Esta combinación de alimentos no es necesaria hacerla en la misma comida, se puede repartir a lo largo del día. Según la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, los valores dietéticos de referencia para las proteínas son de 0,83 gramos de proteína por kilo de peso y día.

¿Una cena de Navidad buena, bonita y barata?

En tiempos de crisis, la cena de Navidad es un verdadero problema para nuestros bolsillos. Lo primordial para servir una cena donde priman las 3 B – bueno, bonito y barato – es la compra de alimentos de temporadas. No tenemos porque gastarnos mucho dinero para hacer una cena que luzca en la mesa. La cuestión es hacer una cena reducida, reutilizable y reciclable para una buena Navidad. Gracias a nuestra creatividad y una buena planificación, todo es posible.

Navidad saludable, económica y vistosa

La Navidad de 2013 ya está aquí, y viene llena de propuestas, de menús, de recetas y de buenas ideas. El solsticio de invierno llega un año más con ganas de fiesta, de encuentros y sabrosos aromas. El reto ahora está en conservar ese buen sabor de boca a lo largo de todas las celebraciones. Lograr hacerlo de manera saludable para el cuerpo, el bolsillo y la conciencia.

Lo primero, para conservar la sonrisa a lo largo de las próximas semanas, es saber que se puede conseguir un plan de comidas que no desequilibre la economía familiar ni la forma física. El esfuerzo no está en hacer una compra muy diferente a lo habitual sino en protagonizar la elaboración. La alegría debe centrarse en cocinar cosas buenas, lo que no es sinónimo de caras ni extraordinarias, aunque sí de esfuerzo, de tiempo y de dedicación. También hay que tener en cuenta que el menú debe ser coherente. Si se opta por pequeñas y muchas raciones, hay que ser consciente de que será más trabajoso y probablemente más caro. Si se decide por bandejas contundentes, platos redondos y decorados, se rentabilizarán más los esfuerzos.

En Navidad, conseguir un menú bueno

Las verduras de invierno prometen platos sabrosos: anímate a buscar recetas con ellas como principal ingrediente. Recetas de cardo, de espinacas, de habitas, de borraja, ¡de setas! El pescado, también el congelado, abre un abanico de posibilidades a las que si se les añade el cariño y el mimo se logra un plato principal con ventajas. Una de ellas: que tras el esfuerzo se puede dejar listo, solo a falta de un último toque de calor, con lo que el cocinero disfruta de la comida o de la cena junto a los demás comensales.

Céntrate en recetas al horno o en papillote. Son fórmulas menos cotidianas que sorprenden, se digieren bien y gustan a todos. También la tradición trae a la mesa las aves, carnes blancas saludables, con precios muy competitivos, que se visten de fiesta con la guarnición y las salsas.

No dejes pasar la oportunidad de cocinar con patatas. Son un alimento que posibilita grandes bandejas al gusto de los más mayores y de los más pequeños, para las cenas y para las comidas. Igual sucede con las sopas, que requieren tiempo, recetas antiguas y mimo. Los postres se pueden hacer excelsos. Sugerentes preparados de frutas exóticas o de frutas toda la vida pero con un punto extravagante, dulces y helados caseros, e incluso un roscón familiar o turrones hechos por nosotros mismos.

El menú de Navidad más bonito

La decoración navideña, los pequeños detalles e incluso los excesos estéticos logran que todo sea más bonito, y con ello más apetecible y más gratificante. Bien es cierto que la comida entra por los ojos, y en Navidad se nos da la oportunidad de vestir los platos, de hacer aquello que durante el año no da tiempo o no ha lugar. La fiesta es crear ilusión y con cariño e interés se puede llenar de magia cualquier receta.

La mesa decorada, una carta que anticipe el menú, el ritmo de los platos y sobre todo la sonrisa son los ingredientes que van a convertir en bonito lo que se deguste y se disfrute. Junto a los espumillones, los frutos secos inspiran bodegones y son un puñado de salud. Las frutas apetecen y acercarlas a la mano es tentar los buenos hábitos. Las virutas de chocolate (chocolate rallado) no acompañarán al bizcocho o a la tarta sino a un granizado de frutas (muy recomendable el de mandarina, por ser una deliciosa fruta de temporada). Las frutas desecadas, los tés e infusiones originales, las ensaladas de verduras o de frutas, las especias como condimentos o como guiños de colores… Lo cierto es que un menú muy sencillo puede ser el más bonito en estas fechas.

Por último, la costumbre es acabar con dos trocitos del buen turrón pero, esto va en contra de cualquier dieta saludable. Por ello, si cambiamos dos horas de caminata por un par de trozos de turrón duro y blando, se puede conseguir una Navidad dulce cuidándose uno mismo y sin hacer trampas.